domingo, 3 de junio de 2007

LA AMIGA


Tenía, como ella,
ojos color de miel irisados en ámbar,

el cabello rojizo como un galope en sueños,

y una afición inhóspita, desmedida

por los viajes nocturnos y los hombres

de oscuridad alegre.


Se lo contaban todo.

Andaban de la mano como chispas prendidas
-- como gotas de agua les decían al verles --

y él se creyó igualado a los ojos de ella.


Se querían amigos y bebieron

el alcohol del deseo como si nada hubiese.

Un vértigo de luces, un calor en el frío.


Y cuando el tiempo quiso

-- porque el azar no juega en estos casos --

que ella se cruzara al hombre de su vida,

un hombre nada turbio -- convencional y simple --

que la cambió de golpe en fiel y temerosa,

se desgarró la magia como niebla en un faro.

Y él la miró de lejos, como si nunca fuese.

LUIS MUÑOZ, Manzanas amarillas.

1 comentario:

Haykus-el hombre solo dijo...

Es bueno encontrar un lugar en el mundo, nuestro lugar en el mundo donde nos sentimos a salvo, protegidos, seguros y confiados... donde reconocemos al instante que somos de allí, que nos iremos pero que retornaremos siempre allí, porque es en ese lugar y no en otro donde la felicidad sube a nuestra boca y dibuja una sonrisa de complicidad que solo conocen el lugar y uno mismo.