jueves, 31 de mayo de 2007


Sensación extraña pero placentera la vivida la noche de mi vigésimo cuarto cumpleaños. No recuerdo lo hecho en años anteriores, nunca fui de grandes celebraciones salvo cuando mis padres reunían a todo el barrio y nos daban chocolate con bollitos suizos, colgaban la piñata entre la puerta del salón y mi dormitorio y disfrutábamos como lo que éramos, niños.

Hace mucho tiempo de estos juegos, de estas reuniones despreocupadas por lo que te espera mañana. Alguno se quedó en el camino, a otros les perdí la pista. Muy pocos siguen ya a mi lado.

Hoy sí tengo que preocuparme por lo que me pasó ayer, por la situación de inestabilidad que vivo día a día, por lo que me gustaría tener mañana, por todo aquello que forma parte de la vida, por no sentirme nunca más fuera de lugar….

A veces no se si estoy varado a la espera de encontrar fuerzas que me hagan volver al buque, coger el timón y mirar al frente; o si los restos de este naufragio están en lo más profundo del océano de los sentimientos rodeados de otras naves que pasaron por lo mismo.

El deseo viene acompañándome, esta presente en mis sueños noche tras noche. Hay días en los que no quiero caer en sus redes y salgo a esconderme entre cuerpos extraños, ajenos al mío, camuflándome entre la diversidad de la fiesta nocturna. Otras veces, me gustaría permanecer en ese sueño, aliarme con el deseo y compartirlo con la persona que me lleva a ellos, que me pierde, me desconcierta, me llena sin llegar a tocarla.

Tengo que aprender a separar los sueños de la realidad, o a luchar por ellos aunque los vea muy lejanos, a no volver a hacer daño a otro que no sea yo. Pero la mirada me delata.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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Haykus-el hombre solo dijo...

Vivir, sentir, dejarse, entregarse, soñar y cumplir sueños... pero planteándose no hacer daño a otro que no eres tu, no es posible, además es inútil hacerlo. En la vida hay que hacerlo, y solo es cuestión de que quien recibe todo ese equipaje que uno lleva se proteja para que no le dañe... o quizas no le importe el daño; a la gente hay que dejarle también la libertad de escoger si quiere que uno le pueda herir o no. La verdadera cuestión es no encontrarse fuera de ningun lugar jamás, porque si uno esta en ese lugar es porque es importante para alguien y eso ya vale un mundo.

Anónimo dijo...

Cuando me dijiste lo de mi entrada en el día de tu cumpleaños, me dio la curiosidad y entré a ver qué habías escrito referente a ello. Me identifico en muchas de tus palabras, y en el sentimiento general, y sólo puedo decirte, que sigas mirando hacia delante, y que nunca deshagas tus sueños, hay que tenerlos presentes, pero como tu dices, sin mezclarlos con la realidad. Un saludo